Heridas
Pienso en esta preciosa llama de la existencia, que la carcoma del tiempo convierte en apenas el esbozo de una mueca. Recuerdo una vez más esa mirada extraviada, perdida, que me aguijonea el alma. Llegar hasta aqui para ver cosas que quisiera que fueran inenarrables. Pero es que se resisten a extinguirse en el silencio, a disolverse en la nebulosa de la calma. Siento un grito ahogado que a veces me devora las entrañas. Y es que, en esta lucha tan desigual, ya se sabe el final desde el principio. El tiempo del dolor es denso, espeso, lento. Es un tiempo que no corre, tampoco se detiene, más bien parece repetirse en bucle. La esperanza se marchita. No hay salida ni hacia delante, ni hacia atrás. De camino a casa, se adivina con la mirada dirigida al piso, el tiempo de la derrota. La vida será un lugar vulgar sin mi perfecta atalaya. Impresiones. Huellas. Profundas heridas del alma.