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Heridas

Pienso en esta preciosa llama de la existencia, que la carcoma del tiempo convierte en apenas el esbozo de una mueca. Recuerdo una vez más esa mirada extraviada, perdida, que me aguijonea el alma. Llegar hasta aqui para ver cosas que quisiera que fueran inenarrables. Pero es que se resisten a extinguirse en el silencio, a disolverse en la nebulosa de la calma. Siento un grito ahogado que a veces me devora las entrañas. Y es que, en esta lucha tan desigual,  ya se sabe el final desde el principio. El tiempo del dolor es denso, espeso, lento. Es un tiempo que no corre, tampoco se detiene, más bien parece repetirse en bucle. La esperanza se marchita. No hay salida ni hacia delante, ni hacia atrás. De camino a casa, se adivina con la mirada dirigida al piso, el tiempo de la derrota.   La vida será un lugar vulgar sin mi perfecta atalaya. Impresiones. Huellas. Profundas heridas del alma.
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 Cómo siempre la belleza, como ese precioso y preciado bálsamo que ayuda a soportar el dolor y lo leve.

La última bala

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 No sé qué es lo que más duele. Si su mirada extraviada, sus posturas imposibles, su sufrimiento o, quizás, la certeza de que visitamos el lugar de su cuerpo, pero ella ya no está ahí. No nos reconoce, no interactúa, yo no sé si es la vida en su último extremo. Aún así, tengo mucho miedo de perderla. De ese "para siempre" que tiene como única respuesta el más ahogado de los silencios.  Tengo miedo y, sin embargo, hace mucho tiempo que sabes que se encuentra atrapada en su cuerpo y el devenir del tiempo y los acontecimientos, va mermando cada vez más sus facultades. Es que cada vez entiendo menos este viaje de la vida. Porque nos empeñamos en entender y lo que en realidad habría que hacer es vivirla. Vivir la vida saboreando cada segundo en el que nos encontramos conscientes de lo que somos, aun con la autonomia de nuestros cuerpos y mentes. Esta rueda es imparable y cuando la enfermedad te saca de ella, no queda sino dolor y sufrimiento.  Hace poco fue el día de la madre....

Geodas y mascotas

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Me había juzgado muy duramente, por mis errores, por mi pasado.  Y no era capaz de verme como realmente soy. Me sentía como la última mierda. No creía merecer nada bueno. Me sentía a la altura del fango. Dejé atras una vida y personas que no quería. Porque me trataban mal y no me apreciaban. Renací de mis propias cenizas. Pero hiciera lo que hiciera no era suficientemente buena. Ni para él, ni para nadie. Pero hoy me acabo de dar cuenta de esto. No puedo recibir amor si no me amo lo suficiente. No estoy en la mejor versión de mi ser, nada parece ser suficiente. No estoy en mi mejor momento, porque en la balanza me hundo. Por mi peso y por mi gran sentimiento de culpa. ¿Culpable de vivir? No se trata tampoco de lo que haga, de lo que hago. No conseguir mis metas hace que me desprecie. Sí, es duro admitirlo, pero es así. Hago  pequeñas cosas que me gustan y liberan, más parecen no ser suficiente. No pudo ser. Y dolió demasiado. Sin entender que no soltar impide que s...

Dreams

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¿Sabes una cosa? Me  gusta mucho estar contigo, le dije. Y mientras él se marchaba, se giró por un momento y me contestó: A mi también me gusta. Fue un encuentro sencillo, sincero. Todo parecía fluir y estar, por fin, en orden. Leve, pero con pasos firmes, su presencia se fue desvaneciendo. Me pregunté, ya en su ausencia, que cuanto tiempo realmente  habíamos pasado juntos. Él había  realizado un largo viaje sólo para estar juntos. ¿Cuánto? Unas horas, quizás. Sin entender, que el tiempo de los sueños, se compone de fracciones de eternidad.

H2O

 Agua tras agua.  Lluvia mordente que devora mi tiempo. Aceptar lo que se es para poder cambiar. Querer cambiar. Quererse. No es que esté buscando la mejor versión de mi. Es que necesito retirar lo que me daña.  Mientras que las aguas dibujan intrincadas geometrías y se llevan lo que pueden a su paso, yo me desespero y me encuentro una y otra vez en el perímetro de un perfecto círculo vicioso. Frágil equilibrio en esta hora en la que pesan las ausencias. No verme como realmente soy, quedarme en la cáscara vacía de la apariencia, me envenena poco a poco. Hace mucho que desaparecieron de mi vida los lugares seguros en caso de emergencia. Esas personas que son un chute de adrenalina cuando te sientes vacía. Ahora vivo en el trapecio. Esa metáfora que se convirtió en mi realidad cotidiana.  Necesito que, por fin,  escampe. Salir en busca de límpidos horizontes siempre inalcanzables, pero llenos de esperanza. Y que el tibio sol, bruña mi piel y encienda mi pelo. Quie...

Gotas de lluvia

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Repiquetean incesantes las gotas de lluvia ,  más hoy no siento ni su esplendor, ni su magia, ni su música. Sólo me parece ruido, ese que se produce al chocar y discurrir el agua contra las superficies, el sonido que una vez se confundió con su latido. Pero, ya no hay historia que componga su estructura. Tan s ólo queda la estela de un recuerdo que ya no brilla, que ya no hiere, que ya no duele.