H2O

 Agua tras agua. 

Lluvia mordente que devora mi tiempo.

Aceptar lo que se es para poder cambiar.

Querer cambiar.

Quererse.

No es que esté buscando la mejor versión de mi. Es que necesito retirar lo que me daña. 

Mientras que las aguas dibujan intrincadas geometrías y se llevan lo que pueden a su paso, yo me desespero y me encuentro una y otra vez en el perímetro de un perfecto círculo vicioso.

Frágil equilibrio en esta hora en la que pesan las ausencias.

No verme como realmente soy, quedarme en la cáscara vacía de la apariencia, me envenena poco a poco.

Hace mucho que desaparecieron de mi vida los lugares seguros en caso de emergencia. Esas personas que son un chute de adrenalina cuando te sientes vacía.

Ahora vivo en el trapecio. Esa metáfora que se convirtió en mi realidad cotidiana. 

Necesito que, por fin,  escampe. Salir en busca de límpidos horizontes siempre inalcanzables, pero llenos de esperanza. Y que el tibio sol, bruña mi piel y encienda mi pelo.

Quiero que la lluvia continua cese y que se manifieste el milagro secreto que esconde la tierra, aquí en los aledaños de la primavera.

Siento, que las pequeñas cosas que llenan el espacio y el tiempo de mis días, son sólo "sotisses", pero sin ellas, quizás, estaría más perdida si cabe.

Soltar. 

Soltar una cosa tras otra, para ser liviana en el viaje de la vida. Sobrevolar el vacío que muchas veces se siente en la existencia. 

Volver a mi ser. Reconocer lo que soy fuera del personaje que represento. Y que cuando me cruce con tu mirada, nunca sea una mirada perdida.



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