Ausencias
El tejido de la realidad se construye también con la trama de oquedades que son las crecientes ausencias. Ausencias que se notan, sobretodo, al respirar hondo, mucho más que en el pensamiento. Se notan como una especie de punzada de dolor, algo así como les duelen los miembros amputados a las personas que este trance fatal han sufrido.
Las ausencias también son como las estructuras sustentantes del grandioso templo del silencio. Templo que en ocasiones se llena de recuerdos llenos de devoción, imágenes etéreas llenas de sensaciones y de historias anidadas, como muñecas rusas, dentro de la personal historia.Las ausencias no son sólo la suma de aquellos que ya no están a nuestro lado y los amados nuestros que ya transcendieron a otros planos. También se configuran con aquellas cosas o facultades que antes nos eran propias y que en incesante goteo o de forma abrupta, vamos perdiendo.
En el devenir del tiempo vamos cada vez más ligeros de cargas, quizás para que en el momento final, sea más liviano el ascenso.
El tiempo erosiona las ausencias, y va enmudeciendo el sordo dolor que al acontecer provocan.
En la nebulosa de la vida, las ausencias se van convirtiendo en espesa neblina, que sólo levanta algunos instantes, quizás cuando el amor se posa en la mirada.
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