Está ahí, pero no se ve.


Nos pasamos la vida buscándolo.

El amor.
Como si fuera una pieza perdida.
Como si estuviera afuera, escondido en otro cuerpo, en otro gesto, en otra voz que nos nombre.

Pero el amor no se encuentra: se recuerda.
Está en ti.
En cómo te miras al espejo.
En cómo te hablas cuando te equivocas.
En cómo decides no abandonarte, incluso cuando todo parece decirte que no vales lo suficiente.

El amor verdadero no es el que llega a llenar un vacío.
Es el que nace cuando descubres que tú ya estabas completo.

Cuanto más lo buscas, más se esconde.
Porque cuando te crees carente, te desconectas de lo que eres.
Y lo que eres… es amor en estado puro.
Amor que ha olvidado su propio origen.
Amor que se cansa de mendigar en corazones ajenos lo que debería encontrar en casa.

No te hace falta alguien.
Te haces falta tú.
No te falta amor.
Te falta recordar que no viniste a buscarlo… viniste a expresarlo.

Y cuando lo recuerdas, ocurre la magia:
No lo persigues, no lo fuerzas, no lo idealizas.
Lo vives.
Y entonces, llega.
No para completarte, sino para acompañarte.
No para salvarte, sino para sumar a tu plenitud.

Así que deja de buscar amor.
Y empieza a vivir como quien ya lo encontró.

Ankor Inclán.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Tres son pocos

Despues del apego