Nada por aquí...
Murió en mi ser esa fracción importante del mismo, que otrora fue su hogar.
Su evanescente presencia, se fue desintegrando tras siglos de silencio, polvo estelar de la nada.
Y entendí, por fin, que mis pies sólo a mi pueden sostenerme y llevarme a los confines de mi alma terrenal.
A veces, una amarga bocanada de tristeza, distorsiona los felices recuerdos y los convierte en fantasmas de película de miedo.
Más con amor propio, el miedo también pasa.
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