Y cuando parecía haberse esfumado, a todas luces, la esperanza, conseguí despertar poco a poco del letargo. No sin mucho padecer y con gran esfuerzo. Letargo que fue goteo incesante que iba modelando los rasgos de un punto y aparte, con un no sé que de tremenda ruptura. Fue un devastar, de una envolvente configurada con duras capas de sedimentos, que me ocultaban por completo y que una vez destruidos, acabaron con el cuerpo principal del apego. Fue un gradiente de dolor que se iba disipando y conduciendo a la ansiada calma. Es duro el desprendimiento y a la vez liviano, al final del proceso. Sólo entonces, después del último pedazo de esa ficticias cáscaras que se había convertido en piedra, comencé a sentirme completa. Al principio era insensible, en tanto que me convertí en piedra. Luego, sentirme liviana, tras la caída de las sucesivas capas que me rodeaban. Y así, por gin, sin tener los contornos confinados, ser flexible y fluida al devenir de los acontecimientos. ...
Comentarios
Publicar un comentario